El post de Irene: Usar y tirar

Aquí os dejo con el post de Irene de este mes. Como sabéis está pasando unos meses en California, y estamos aprovechándonos de su post mensual para saber cuales son las impresiones que le causa el estilo de vida norteamericano, vamos a ver que nos cuenta esta vez:


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Uno de los problemas más grandes que me estoy encontrando aquí es intentar no consumir envases desechables. De hecho, es casi misión imposible y es una de las cosas que más rabia me da, porque un vaso de plástico o una lata, después de ser usados una vez, están perfectamente listos para volver a ser utilizados.

Aquí muchas cosas para comer están pensadas para que te las lleves. Cuando vas a un restaurante, las raciones son tan grandes que es difícil terminarlas y entonces viene el dilema de costumbre: ¿me llevo la comida que sobre porque da lástima tirarla o pido un envase desechable y que me la pongan ahí? Luego, trabajo en una empresa bastante grande, alrededor de 1500 empleados, donde parece que la mayoría comen diariamente allí. La cantina de la empresa es tamaño universidad y siempre suele haber sitio para sentarse. Paradójicamente, un gran número de personas va a la hora de comer a por su comida, se la ponen en un envase desechable y se la comen entre las 4 paredes del despacho, las mismas donde se pasan las siguientes ocho (o más) horas. ¿Hola? ¿Despejarse? Es tan frecuente, que cuando voy a pedir la comida, tengo que decir que voy a comer allí porque por defecto ya te lo pondrían en taper desechable.

foto de aquí

Yo, en mi mundo interior, no hago más que preguntarme por qué cada una de estas personas no se cuestiona su comportamiento y que sea consciente de la cantidad de basura que genera cada día. Por poner un último ejemplo, intento comer lo más sano posible, eso incluye mucha fruta fresca. Lo bueno es que hay muchos tipos de zumos naturales y fruta troceada preparada para comer. Lo malo es que cada porción viene en un vaso grande de plástico con tapa. Otra vez el dilema. Pues no sabéis la de plátanos y manzanas que estoy comiendo porque es lo único que viene tal cual!


Yo suelo tomar un café a media mañana y habitualmente una infusión por la tarde. Cuando iba a la cafetera comunitaria que tiene el departamento, cogía un vasito de cartón e intentaba usarlo todo el día o cada dos, lavándolo en la pica cada vez. Pero claro, también rescataba el vaso de la comida y al final el despacho parecía el vertedero municipal y tampoco era plan de aparentar que tengo Diógenes. Así que al final traje una taza de casa y evito usar los de cartón. Pero vaya, que vuelan los desechables. Total para tomar esa infusión de café gigante tan mala!
Un trabajador normal que llegue a la empresa, se tome un café por la mañana, coja su comida (y su bebida) para comer, se tome un café por la tarde y que pique algún snack de la máquina, ha consumido cinco envases en un día. Por cinco días de la semana, veinte. Por, pongamos, 45 semanas de trabajo al año, 900. Y por mil y pico trabajadores de la empresa, ya podéis echar la cuenta.

No sé, yo creo que cada persona, como individual, se tiene que cuestionar si puede evitar usar más envases de la cuenta. Realmente hay veces que es muy sencillo: mejor caña que tercio, mejor no coger comida para llevar, mejor fregar que usar cubiertos y platos de plástico, mejor café en tu taza, etc… En fin, una cosita más sobre la que pensar diariamente.

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El post de Irene: Del balcón al plato


Hoy os dejo con el post de Irene de este mes, a mi personalmente me ha dado muchas ganas de empezar a plantar mis propias verduritas así que ¡no os lo perdáis!

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Vivimos en un mundo en el que los kiwis vienen de Nueva Zelanda, los espárragos trigueros de Perú y, parte de nuestras naranjas, tan valencianes elles, son cultivadas en el norte de África. 
Al revés, se dan situaciones tan paradójicas como que en Asturias se produzcan toneladas de arándanos que luego se comen en Reino Unido o que Málaga sea una importante productora de aguacates  que van directos a Francia y Alemania. Es todo un poco raro, no?

Comer productos fuera de temporada o cultivados en un lugar distinto de su origen, como berenjenas y calabacines en invierno o mangos traídos de Brasil, suelen tener consecuencias directas para nuestro paladar, ya que habréis notado, que muchas veces esta fruta y verdura no sabe a nada. O lo que es peor: todo tiene una apariencia perfecta y reluciente, pero la textura es de corcho, especialmente lo comprado en grandes superficies.


En los últimos años, están apareciendo nuevas iniciativas para intentar recuperar una forma de producción de alimentos más sostenible, ecológica o, almenos, tradicional. Las más comunes son comprar comida ecológica online, comprar en puestos de mercado de kilómetro cero o comprar directamente al agricultor en ferias agrícolas o mercadillos. Consumiendo en este tipo de “establecimientos”, se ayuda a que los agricultores locales puedan recibir un precio digno por su trabajo y contribuimos a evitar que Mercadona termine dominando el mundo. Que no es poco.

Pero, si os pasa como a mí que véis que hay poca oferta de productos de este tipo en vuestro pueblo o ciudad, o creéis que son caros y no os los podéis permitir, hoy os propongo una opción: cultivarlos en vuestra propia casa. Simplemente necesitáis agua, macetas, un rincón soleado y ganas de probar. En mi opinión, no hay mejor modo de entender el consumo responsable que ver lo que cuesta producir parte del alimento que consumimos.

Pero a ver, ¿En una maceta? ¿De verdad va a salir algo ahí? ¿No se requiere mucho espacio?” La verdad es que con un balcón, suficiente para cultivarte tus propias ensaladas! Pero es lo de siempre: a más espacio, se pueden hacer cosas muy logradas, como podéis ver en estas fotos de huertos urbanos o macetohuertos.



Si es vuestra primera experiencia con el autocultivo, yo os recomendaría empezar por cosas sencillas que se puedan plantar en macetas no muy grandes, . Por ejemplo, lechugas (es lo más fácil y agradecido del mundo), tomates cherry (la planta no se hace muy grande), fresones , ajos tiernos o cebollas. También os recomendaría que (al principio) compréis el plantón de hortaliza y no intentéis cultivar desde una semilla ya que tarda más tiempo y tiene más riesgo de fallar. ¿Dónde comprar el plantón? En mi caso lo compro en el mercado municipal de mi pueblo, pero imagino que en viveros también venderán. Es cuestión de buscar y preguntar un poquito. Tampoco os recomendaría empezar plantando pimientos (sensibles, tardan bastante en madurar) ni tomates normales (suelen necesitar tutores o cañas para crecer), aunque si os sentís muy valientes, adelante!

Y bueno, esto es ir probando: vuestro mejor amigo es vuestra propia experiencia (o la de alguien que ya sepa, por supuesto) y el todopoderoso Google. Leyendo, contrastando, pero sobretodo, experimentando, podéis encontrar una nueva actividad que hacer, barata, relajante y encima te la puedes comer!

El post de Irene: Vaqueros

Hoy os dejo con el post de Irene de este mes, que en esta ocasión nos invita a reflexionar sobre los vaqueros. Sí, esa prenda tan recurrida y que todos  llevamos tan a gusto no es tan inocente como parece, y su desgaste que parece tan casual es producto de trabajo duro y bastante insano

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Según la bibisí, en 2004, un médico turco examinó a unos chicos jóvenes que iban a hacer el servicio militar. Encontró que muchos de ellos presentaban problemas pulmonares raros para su edad. Investigando un poco, el médico descubrió que los chicos enfermos tenían algo en común: todos ellos habían trabajado en un tipo de fábrica textil desgastando prendas vaqueras.

Los vaqueros que compramos se desgastan utilizando una técnica llamada sandblasting. Básicamente, consiste en lanzar un chorro de arena sobre la prenda utilizando una pistola de aire a presión. Según parece, el sandblasting fue prohibido en Europa en los años 90, pero claro, todos sabemos que la mayor parte de las prendas de ropa no se fabrican aquí. Este desgaste de las prendas se hace, normalmente, en tugurios poco ventilados y los trabajadores están respirando polvo durante más de diez horas al día, por lo que no es raro que algunos enfermen de silicosis a los pocos meses de trabajar ahí.


Buscando un poquito por la red, he encontrado un par de vídeos cortos (vid1, vid2) que explican mejor la problemática: desde el trabajo en talleres ilegales, la distribución de las prendas desgastadas y la silicosis causada a trabajadores de zonas rurales de Turquía, país aparentemente líder en este tipo de práctica. Recomiendo que los veáis y podáis comprobar una vez más con qué indiferencia hacia las personas funciona el engranaje capitalista.

La gracia de desgastar los vaqueros es puramente estética, para quién le guste, claro. Los que estéis, almenos, cerca de los treinta recordaréis los vaqueros lisos que llevábamos hace años, vaqueros que tras un tiempo prolongado de uso, se desgastaban por donde tú los usabas, dándole así a la prenda tu “marca personal”. Recuerdo a mi profesor de cálculo, matemático y gran fumador, que sus vaqueros añejos tenían un rectángulo en el bolsillo derecho de llevar siempre el paquete de tabaco ahí. Pues eso, “diferente”. Pero ahora la moda se crea y se destruye tan rápido, que no hay tiempo a dar esa marca personal, nos la tienen que hacer de fábrica. Y esa velocidad, hace enfermar a muchas personas.

Imagino que todos nosotros hemos tenido, tenemos o tendremos un vaquero desgastado en nuestro armario. Ir a la contra de la moda es complicado, pero me parece que es importante conocer qué hay detrás y, siempre que sea posible, evitarlo. ¿Y cómo podemos evitarlo? Bueno, como por aquí os gusta mucho el do-it-yourself, he pensado que porqué no pasar una tarde desgastando tu mism@ tus vaqueros nuevos, si realmente los quieres así? Aquí tenéis unos cuantos videos (vid3, vid4, vid5) para daros ideas. Un rallador de queso, papel de lija, piedra pómez, limas, una hoja de afeitar, tijeras y experimentar con los vaqueros lisos nuevos!



Como bonus, os dejo aquí este vídeo de “How jeans are made”. Me ha parecido muy curioso y a partir del minuto 8 se ve como se aplican técnicas de desgastado manuales y mecánicas, aparentemente en unas condiciones saludables para el trabajador.

El post de Irene: Bienvenidos al Infierno

Uno de los propósitos de este blog para el año 2013 es contar con la colaboración de “artistas invitados” y estoy muy feliz de contar con mi amiga Irene que se define a si misma de la siguiente manera:


“Informática trasnochada. Agricultora de nivel uno. Indignada a tiempo completo y
capitalista/consumista en desintoxicación: Creo firmemente en que ya no vale mirar sólo lo
que tienes delante, si no lo que está tres continentes más allá. Y de eso va
este espacio.”




Os dejo con su post, titulado “Bienvenidos al infierno” que nos invita a reflexionar sobre los métodos de fabricación de las principales empresas textiles.

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Pallabi Molla Bosti es uno de tantos lugares inexistentes que no aparecen directamente en Google Maps. En esencia, es un barrio bajo o chabolista, localizado más o menos aquí , en Bangladesh.

En este lugar, imperan las reglas del trabajo que había en el siglo 19 y que nosotros sólo hemos conocido en los libros de historia: Jornadas de trabajo de más de doce horas, barrios enteros de gente que trabaja en los talleres textiles, casuchas de madera, plástico y cartón alrededor del taller. Malaria, cólera, malnutrición y una saludable laguna contaminada de color negro. En fin, el lugar donde a todo el mundo le gustaría criar a sus hijos.

En este lugar, mujeres como Parul, Rotna y Rahela se levantan a las cinco de la mañana, van a por agua a la fuente más cercana, preparan el desayuno para su familia y se van a trabajar. Su jornada, dura oficialmente ocho horas, aunque el salario percibido es tan bajo que casi todas ellas se quedan trabajando hasta las nueve de la noche: en total, diez u once horas de trabajo diario, seis días a la semana por menos de 50$ al mes.

Parul, Rotna y Rahela fabrican prendas de ropa: cortan las telas, hacen las costuras y repuntes, cosen botones, cremalleras o ponen adornos a las prendas. Luego, el gerente del taller, empaqueta lo confeccionado y se lo envía a un gran holding textil que hace de intermediario. Porque Inditex, Primark o H&M no hacen contratos de tu a tu con estos talleres. Qué va, éso tiene demasiado poco glamour. En su lugar, hacen negocio con grandes grupos empresariales de fabricación de prendas que subcontratan a este tipo de talleres donde se trabaja en condiciones de esclavitud que se van destapando de tanto en en tanto.

Mientras tanto, en la otra punta del mundo, entramos a Zara buscando una camiseta. Vemos una di-vi-na con 200 lentejuelas, que por cierto habrán sido cosidas a mano. Esta prenda debe haber viajado como 20.000 kilómetros, más que muchos de nosotros. Giramos la etiqueta y vemos que marca 20 euros. ¿20 euros una camiseta? ¿Que estamos locos o qué? ¡Pero si la tela es papel de fumar y me va a durar temporada y media! No importa, la compramos porque es como cooly nos hace taaanta falta…